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jueves, enero 28

> Iritzia: Marco Schwartz > MONUMENTO A LA DESVERGUENZA

  • Monumento a la desvergüenza
  • Público, 2010-01-28 # Marco Schwartz
El documento que el Vaticano ha enviado al Partido Popular Europeo para orientar su voto en el Consejo de Europa constituye un monumento a la desfachatez y la desvergüenza. No porque deje en evidencia la pretensión de la Iglesia de intervenir en asuntos de la política –cosa que lleva haciendo desde hace siglos con diversa fortuna–, sino por los detalles que la misiva aporta sobre el modus operandi vaticano. La carta describe cómo la Santa Sede –Estado con condición de observador en el Consejo de Europa– moviliza a tres parlamentarios de esa institución para introducir enmiendas a dos iniciativas socialistas que “se oponen abiertamente a la ley natural”: una contra la discriminación a los homosexuales y otra en favor del derecho de la mujer al aborto. La Santa Sede instruye a todos los parlamentarios conservadores a que rechacen ambas propuestas si no se aceptan las enmiendas (una sostiene que no existe ley europea que otorgue “derecho” a la unión entre personas del mismo sexo, cuando tal derecho ya existe en cinco países, incluido España). Además, los invita a que voten por dos personas concretas –Riccardo Ventre y Luca Volonté– para los cargos de juez de la Corte Europea de Derechos Humanos y jefe del Grupo Parlamentario Popular en la amblea del Consejo. Del último subraya que es un “gran defensor de la ley natural”.

El documento deja en muy mal lugar al Partido Popular europeo. Una cosa, legítima, es que sus miembros practiquen o defiendan los principios cristianos; otra, muy distinta, es que acepten con naturalidad que la Santa Sede se dirija a ellos en unos términos imperativos que parecen borrar de un plumazo siglos de lucha en Europa para apartar a la Iglesia de los asuntos de Estado.

El debate de las iniciativas y los nombramientos a los que se refiere la carta se producirá en la Asamblea del 25 al 29 de enero. Será una sesión trascendental para el futuro de Europa por la respuesta política que reciba la carta de la Santa Sede.

lunes, enero 25

> Iritizia: Patxi Zamora > ABUSOS SEXUALES Y SANTOS

  • Abusos sexuales y santos
  • El autor considera que luchar contra la Iglesia no sólo es legítimo, sino prioritario. Un posicionamiento nada gratuito, sino profusamente argumentado a lo largo del artículo. Comienza Zamora por la hipocresía de la jerarquía eclesial en materia sexual, sigue con su adhesión al régimen de Franco y termina recordando sus implicaciones en la corrupción económica y política, que alcanzan también a Euskal Herria.
  • Gara, 2010-01-25 # Patxi Zamora . Periodista
Numerosos teólogos han sido castigados dentro de la Iglesia por considerar la sexualidad humana como «un lujo de la naturaleza» y por comprender las relaciones prematrimoniales, la homosexualidad o la masturbación. Muchos de estos severos apercibimientos los firmaba Joseph Ratzinger, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, antes llamada Inquisición. Por otra parte, el Derecho Canónico tiene en cuenta desde tiempo inmemorial los delitos sexuales cometidos por sus pastores, el homo eclesiasticus, pero las Instrucciones del Vaticano para tapar los escándalos sexuales son, como dice una de 1962, de «reserva total». Marcial Maciel, fundador de la poderosa organización católica de los Legionarios de Cristo, fue protegido tras haber infringido abusos sexuales sobre cientos de muchachos a lo largo de varias décadas. El castigo que se le impuso, en mayo de 2006, fue la reclusión en un monasterio mexicano y el alejamiento de la vida pública.

En EEUU las diócesis católicas han pagado miles de millones de dólares para reparar a los que sufrieron vejaciones sexuales por parte de sus sacerdotes. En Irlanda, tras tres décadas de abusos a menores en instituciones gestionadas por la Iglesia católica (uno de cada cuatro las padeció), la Justicia de la isla ha iniciado los trámites para castigar a los culpables y ha hablado de «arrogancia, ocultamiento, negación a las víctimas» y de connivencia a la propia República irlandesa. Todos los arzobispos y obispos fueron conscientes de la trama criminal y callaron. El ministro de Justicia irlandés ha proclamado que «un alzacuellos no protegerá a un criminal».

Mientras tanto, la curia vaticana distrae la atención de sus seguidores con sucesos y nombramientos más propios del Medievo. «La Razón» (2000-9-12) titulaba en portada a cuatro columnas: «El Papa practica un exorcismo sobre una chica endemoniada». Con más trascendencia sociopolítica, la revista «Tiempo» informaba de que el 78% de los santos pertenece a la clase alta, el 17% a la media y el 5% a la baja, la mayoría son varones de raza blanca y la diócesis de Madrid es la que más candidatos presenta de todo el mundo.

Historia y mentiras de la Iglesia católica. La teología sirve para adaptar a los nuevos tiempos los dogmas heredados. Los católicos la han necesitado mucho porque la historia de la Biblia está condicionada por su dependencia de los poderes de turno y está llena de reescrituras, añadidos y refundiciones interesadas. La mayoría de lo que se conoce como «palabra de Dios» está copiado, literalmente, de otras religiones: el diluvio universal, el nacimiento de Jesús, la virginidad de María... Jesús es un personaje del que se cuenta con pocas informaciones fidedignas que no resisten la historia crítica moderna. Los apóstoles no tuvieron a Jesús por Dios (hubo serias disputas dentro de la Iglesia hasta el 680) ni se instauró ninguna iglesia, ni sacerdocio ni estructura oficial alguna; el dogma de la «Asunción de María» no fue proclamado hasta 1950 y hasta el siglo V era completamente desconocido... pero, la dimensión teológica les resbala, basta con la obediencia pues lo que importa son los mecanismos de poder.

Y esta obediencia ciega nos aporta conductas que reflejan la lejanía vital de los seguidores de la Iglesia con la sociedad actual. En «La Razón» (2008-12-29), un extenso reportaje sobre la manifestación realizada en Madrid, con motivo del Día de la Familia, exponía el caso de la familia Ruiz Pons, que desde Valencia acudía disfrazada de «belén» para dar testimonio de su fe. La familia en cuestión estaba compuesta por los padres y doce hijos, ocho de ellos minusválidos, ante lo que el jefe de la prole declaraba: «Dios hace milagros, pero a su manera y somos muy felices».

Entre quienes acudieron a la consagración de España al Sagrado Corazón, ceremonia oficiada por Rouco, (junio 2009), estaba Arantza Díez, con su marido y diez hijos, «educados en casa» pues son defensores del «Home schooling», corriente cada vez con más adeptos dentro de la propia Iglesia, que desconfía del «laicismo y relativismo» reinante en la enseñanza pública. El laicismo mina los cimientos de una religión acostumbrada a educar a través del miedo y el sometimiento. La Iglesia apoyó con vehemencia el régimen franquista porque ya entonces denominaban a la escuela laica, establecida por la República, como «secta infernal y anticristiana de ateos y apóstatas». Y también por el creciente prestigio social del maestro que amenazaba con oscurecer la figura del párroco, disminuyendo su influencia en la comunidad. La depuración de los maestros constituyó un objetivo primordial para el franquismo y el control de la enseñanza representó un pilar básico en la construcción del nuevo régimen nacionalcatólico.

Poder económico y corrupción. Los casos de corrupción en los que se ha visto envuelta la Iglesia católica han sido numerosos en los últimos años. La Iglesia se financia fundamentalmente con las aportaciones de sus fieles (la sede del Opus Dei en Nueva York se inauguró en el 2001 y costó 70 millones de dólares de los que la mitad se obtuvo de una sola donación), la subvención del Estado, lo aportado por empresas de su propiedad, sobre todo en el sector de la edición de libros y medios de comunicación, arrendamientos, herencias... y sus millonarias inversiones.

A lo largo del proceso (por graves delitos económicos) contra Javier de la Rosa, amigo de Juan Carlos Borbón, se supo que 14 conventos y los arzobispados de Toledo y Barcelona tenían acciones tanto en el grupo Torras como en el Gran Tibidabo, principales afectadas del sumario. Diferentes comunidades de religiosos y varias diócesis se vieron millonariamente sorprendidas por las estafas de Gescartera y Afinsa. Y el último ejemplo lo tenemos en Euskal Herria, en Navarra, donde la Iglesia se ha apropiado en los últimos años y en el mayor de los secretos, de al menos 1.087 bienes que pertenecen a los pueblos afectados. Viviendas, locales comerciales, garajes, cementerios, fincas, prados, viñedos e incluso un frontón.

La premeditación y alevosía son de tal calibre que Jesús Lezáun, el teólogo navarro recientemente fallecido, ha afirmado: «Los obispos son verdaderos atracadores». «No es lógico que la Iglesia exija unas conductas de comportamiento y que luego no sea coherente con ellas a la hora de invertir el dinero», ha escrito Alejandro Torres, profesor de Derecho Eclesiástico de la Universidad Pública de Navarra. Como dice un amigo, «la religión es la forma más fácil de hacer plata en abundancia sin exponer el capital».

Los nombramientos realizados por el Vaticano para dirigir la Iglesia en Euskal Herria (empezando en Iruñea primero con el ultra Sebastián y ahora con el ex arzobispo castrense) demuestran que la institución apuesta por aplastar a sus sectores más comprometidos y dar alas a los más conservadores, no sólo en materia ética y religiosa, sino especialmente a la hora de alinearse con las tesis del nacionalismo español. Por todo ello, luchar contra la Iglesia me parece no sólo legítimo sino prioritario para que se desvanezca como institución que representa históricamente lo peor del ser humano.

> Iritzia: Bibiana García Garza > EL TRIBUNAL SUPREMO DE DIOS

  • El Tribunal Supremo de Dios
  • Con esa actitud la Iglesia aleja cada vez más a sus feligreses que ahora prefieren tener sus creencias pero sin asistir a ningún templo, sin pagar ningún diezmo, sin escuchar falsas lecciones de moral.
  • Anodis, 2010-01-25 # Bibiana García Garza
Aunque nadie sabe a ciencia cierta cómo sucedió, el Dios todopoderoso, omnipotente y omnipresente de los terrícolas se comunicó vía telefónica con el Vaticano y la Arquidiócesis de México para recordarles que los gays, lesbianas, travestis y transgénero del mundo entero no conocerán jamás a San Pedro y mucho menos, atravesarán las puertas del cielo ya que, eso de “Adán y Esteban” francamente, no le parece.

Como era de suponerse, también regañó a los obispos, cardenales y sacerdotes por no haber evitado que se aprobara la ley que permitirá los matrimonios entre personas del mismo sexo en el Distrito Federal (DF), propuesta por esos descarados, inmorales, comunistas del PRD, aunque fuera por el civil, además de que advirtió, con la voz de trueno que le caracteriza, que la raza humana corre peligro de extinción gracias a ese plan maligno que tienen los homosexuales de exterminar a los ´heteros´ y sus familias.

Pues, como lo declaró su vocero en México, el Cardenal Norberto Rivera Carrera, en el Tribunal Supremo de Dios se respetan sus leyes divinas y supremas, y no las leyes de Reforma que establecieron el laicismo en las tierras aztecas gracias, dijo, a ese fulanito de raza indígena que se peinaba de “librito” y se hacía llamar Benito, quien por cierto, arde en el infierno, según El Señor, por haber practicado la masonería y haber separado su compendio de leyes divinas de las de la República Mexicana, una verdadera aberración, según expresó. En realidad, Dios estaba muy molesto pues también se quejó de que en México sus leyes no son tan efectivas como las de Alá en Medio Oriente, en donde se hace verdaderamente lo que él dice, así les pida que se hagan estallar con una bomba en su nombre.

En consecuencia, pidió a su siervo predilecto, Norberto Rivera, en ausencia de Marcial Maciel y el Papa Juan Pablo II, que defendiera la fe, como se hacía en las cristiadas y la Edad Media con la Inquisición, aunque un poco más ´light´ para que no haya quejas, y que le recordara a esos herejes mexicanos hijos de la tortilla, el chile y el maíz, que su ley es suprema, y que las leyes humanas son pavadas que todo mundo debe pasarse por el arco del triunfo ya que son, todas, “inmorales y perversas”.

Asimismo, Dios recalcó que nadie podrá escapar de los juicios de su Tribunal Supremo, pues será Él quien al final de los tiempos, luego del advenimiento del Apocalipsis y la Bestia 666, pedirá cuenta de la cobardía de aquellos se avergonzaron de él y de quienes no defendieron al rebaño de ese lobo “afeminado” y hambriento que mata y dispersa a las ovejas, es decir, la Comunidad Gay y todo aquel que esté de acuerdo con la despenalización del aborto, salvo por los habitantes de 18 entidades del país que ya son oficialmente anti-abortistas y castigarán con cárcel a la mujer que ose a desobedecer los mandatos divinos.

Sin embargo, cabe mencionarlo, todo esto es solamente una suposición de que “El Señor de los cielos y las alturas, Aleluya, Aleluya” se haya comunicado con sus representantes en la tierra. Y de ser así, evidentemente estaría equivocado por muy omnipresente que pueda llegar a ser, aunque más bien, tendría más lógica que sean las instituciones fundadas en su nombre las que se equivocan al tratar de imponer en un país laico los mandamientos y códigos espirituales basados en una Biblia, que bien sabemos que no fue escrita por una mano invisible y sagrada, y que no es, por mucho, una verdad absoluta. Además de que, con tantas religiones en el mundo y tantas distintas lecturas que tiene el documento, se puede prestar a malas interpretaciones, o interpretaciones a conveniencia.

La tergiversación de la información ha distorsionado lo único bueno y válido que tienen las religiones, es decir, prodigar el amor al prójimo, hecho que mucho dista de hacer llamados a la xenofobia, a la sedición y a la discriminación como los que ha estado haciendo la Iglesia Católica evidenciando una oposición, inexplicable en pleno Siglo XXI, al nimio y primer avance real que tiene este país en materia de igualdad y derechos humanos.

A pesar de que muchos ciudadanos tampoco estén de acuerdo con la aprobación de las bodas gay, dudo que les gustaría que México formara parte de esos 77 países alrededor del mundo que tienen tipificada la homosexualidad como delito que se castiga con cárcel de por vida o pena de muerte, como Uganda, pues ello significaría, de nuevo, un retroceso como los muchos que vivimos día a día gracias a la incompetencia de muchos de nuestros “servidores públicos”.

Sin embargo, el Artículo 130 de la Constitución, Inciso “E” es muy claro: “… en reunión pública, en actos del culto o de propaganda religiosa, ni en publicaciones de carácter religioso, los ministros no podrán oponerse a las leyes del país o a sus instituciones…”. Entonces, ¿cuál es el punto a discutir? ¿Por qué hacen ´berrinche´ y ´pucheros´ las iglesias? ¿Será acaso otra de las muchas cortinas de humo que se generan a través del gobierno para ocultar la verdadera situación de crisis, desempleo y violencia que enfrenta el país?

Y sobre la “tolerancia” de la Secretaría de Gobernación ante los llamados que ha estado haciendo la Iglesia, so pretexto de que se respeta su “libertad de expresión” (vuélvase a leer el Artículo 130), ¿qué no se supone que a estas alturas y luego de todo lo declarado por los obispos, sacerdotes y cardenales mexicanos la Iglesia pudiera ameritar una sanción?

Quizás no en un Estado en donde a pesar del laicismo, tenemos a un presidente que fue ovacionado en el Encuentro Mundial de las Familias con la porra “¡Viva nuestro presidente católico!”, a un gobernador que le besa la mano al papa y anuncia su boda con la actriz de Televisa como si al mundo entero le importara su vida personal, y a una ex pareja presidencial que buscó por todos los medios ser casados en la “Santa Sede” y que Juan Pablo II anularan el ex matrimonio de “Marthita” (¡y lo consiguió!)

Ahora, el hecho de que para la iglesia los matrimonios gay en México representan una amenaza para la familia como “núcleo de la sociedad” denota que no se han dado cuenta de que por lo menos el 70 por ciento de las familias de este país son ya disfuncionales a causa de una infinidad de factores, además de que, con los avances tecnológicos, la sociedad está consciente de que este tipo de uniones que la iglesia califica de “anormales” y “antinaturales” ya existen de manera oficial desde hace por lo menos 10 ó 15 años en países desarrollados, les guste o no, y libremente desde tiempos inmemoriales y la raza humana, evidentemente, no se ha extinguido

Sin duda, es momento de promover el respeto al otro y no la “tolerancia”, es momento de dejar de predicar sobre “el diablo”, los pecados, y los males del mundo para mejor callarse y hacer el bien sin más. Pues hay que recordar que las leyes se hacen no para los ciudadanos católicos, sino para todos los ciudadanos, ya sean cristianos, testigos de Jehová, musulmanes, ateos, o de la religión del Pastafarianismo.

Además, es tan sencillo que los católicos y quienes se opongan a este tipo de leyes que las ignoren si así lo desean, pero que no le digan a todos los demás lo que pueden o no pueden hacer pues, si Dios verdaderamente se opusiera a estas reformas, ya hubiera bajado de su trono a gritar “¡Yoooo!” en la primera boda gay que se celebrara cuando se hace la pregunta “…si hay alguien que se oponga a esta unión…”, o muy probablemente ya hubiera borrado a los “invertidos” de la faz de la tierra mediante su llamado “Tribunal Supremo” ¿no?

Sin duda, es esa actitud de la iglesia la que aleja de la institución cada vez más a sus feligreses que ahora prefieren tener sus creencias pero sin asistir a ningún templo, sin pagar ningún diezmo, sin escuchar falsas lecciones de moral o berrinches de los sacerdotes respecto a la vida política del país.

Hoy en día todos tenemos hijos, amigos, hermanos, tíos, primos, vecinos, o sobrinos homosexuales, dentro o fuera del clóset, y no es justo que se promueva a las orientaciones sexual diferentes como una aberración porque se supone que deben respetarse las garantías individuales y la diversidad si queremos difundir la paz entre los individuos y las naciones y no promover más guerras santas que tanto daño le han hecho a la humanidad.

> Iritzia: Borja Agirre > LOS NUEVE MESES DE JOXE ARREGI

  • Los nueve meses de Joxe Arregi
  • Noticias de Gipuzkoa, 2010-01-25 # Borja Agirre
Conocí a Munilla en un plató de televisión, hace unos años. El tema era la Iglesia y la homosexualidad. Tenía curiosidad por conocer la persona que defendería los argumentos oficiales de la Iglesia, tan indefendibles a mi parecer. En anteriores debates similares no se había presentado nadie, pese al trabajo y la insistencia de los periodistas. Después de todo, no es sencillo encontrar a alguien que comulgue con la ortodoxia vaticana, que represente a la Iglesia y que se atreva a bajar de la cátedra de Teología a un simple plató de televisión.

Pensé que aparecería, como otras veces, algún cura confuso, medio engañado, que intentaría echar balones fuera durante el debate y salir airoso de la pelea, contentándose con un empate. Me equivoqué. Apareció el párroco de Zumarraga, de negro y con alzacuellos, quizá no muy lúcido en sus palabras pero con una energía extraordinaria. Se le veía muy cómodo en el debate, y parecía tocado por una fuerza superior que le empujaba a mostrar la evidencia de que la práctica homosexual es un mal social, uno de los más graves. El huracán terminó con el debate y se fue en su coche volando a Zumarraga.

También he podido conocer a Joxe Arregi, en varias ocasiones. Le conocí en un seminario sobre víctimas del terrorismo, organizado por Alboan, donde Joxe intercambió unas palabras enormemente lúcidas y serenas, llenas de empatía y compasión, con la viuda de un concejal asesinado. He leído bastantes de sus textos, de una sinceridad, naturalidad y profundidad apabullante, textos de esos que escasean hoy en día. Joxe se esfuerza por hablar de Dios de una manera tierna, cercana. Habla con creyentes y no creyentes, transmite pasión y reconoce errores. He conocido también lo que él y otros compañeros franciscanos están haciendo en Arantzazu, comprometiéndose con la realidad social de su pueblo y con los más pobres, renovando la espiritualidad y sembrando semillas de oración con iniciativas como la Red Asís.

Joxe tampoco olvida su lado profético, y participa públicamente en las críticas que le parecen necesarias hacer, tanto a nivel social como eclesial. Hace unas semanas dio a conocer su opinión sobre el nombramiento de Munilla como obispo en Gipuzkoa, y algunas informaciones tuvieron una fuerte repercusión en los medios.

Dos formas de ser, dos formas de estar en la Iglesia. Una de ellas hoy ha ocupado una parte de todos los telediarios y la prensa; sus palabras, hablando de humildad y servicio, han resonado por todas las esquinas, y a su alrededor todo el mundo hablaba de encuentro y reconciliación. La otra forma, el otro estilo, es el de un pequeño y familiar blog donde hace unos días Joxe se despidió durante unos meses y explicó su decisión de quedarse mudo durante nueve meses "o algo más", como le ocurrió a Zacarías.

A Munilla le dedicaron ocho minutos de aplausos en la misa, como al equipo vencedor tras una larga Liga. A Joxe más de 60 comentarios en el blog, la mayoría con sabor a ceniza y a derrota.

Y las campanas de la Iglesia, en la ceremonia de investidura del nuevo obispo, no me parecieron alegres. Sonaban como una alarma, un aviso angustiado de las propias campanas, del campanario, de la mismísima catedral, que sabe que las grietas han llegado hasta la cúpula y está en peligro de derrumbe. La Iglesia católica, la institución, está en un momento de colapso y descomposición, al igual que todas las instituciones religiosas verticales y jerárquicas donde se ha sustituido la experiencia de Dios por un llamamiento a apretar las filas. La secularización ha sido vertiginosa, los cambios en las creencias, espectaculares. La modernidad líquida, la sociedad red, el cambio de época, están arrojando afuera, como un cuerpo extraño, a esas instituciones que no tienen sitio en su interior.

Ante esta profunda crisis, solamente hay dos estrategias razonables. Una de ellas es la partida de ajedrez que tan bien está jugando Rouco Varela: colocar sus piezas y sus Munillas en el tablero; aprovechar los inmensos recursos materiales que aún mantiene la Iglesia; relacionarse con las élites económicas del Ibex 35; y organizar movimientos católicos con una precisión que deja atrás a cualquier experto en marketing. Todo con el objetivo de mantener la influencia y la presencia social de la Iglesia católica. Una huída hacia adelante en toda regla. Ésta es la estrategia vigente y la religión católica que conocemos en este final y comienzo de década.

La otra estrategia, la de Joxe Arregi, es la de tocar fondo, callarse y esperar. Confiar en que el Espíritu soplará en otros lugares, quizá donde ahora no sospechamos. Los "nueve meses" de silencio de Joxe me recuerdan la espera expectante de un parto, la confianza en la fertilidad del silencio, en ese Dios que a veces se hace mudo, que se aleja de los altavoces y de los telediarios, que crece de noche.

Los medios reducen el debate sobre Munilla a la eterna disputa nacionalista /no nacionalista. Quizá porque es lo único que son capaces de ver. Lo que hay detrás, sin embargo, es algo mucho más profundo e interesante: cómo se puede vivir una espiritualidad cristiana, y compartirla en comunidad, en este mundo de hoy, tan cambiante y tan necesitado de lucidez.

La respuesta no es sencilla, hay diversos caminos y estrategias. Toca escoger. O esperar.

lunes, enero 18

> Iritzia: Patxi Zamora > LA IGLESIA CATOLICA: UN AZOTE SECTARIO CONTRA LA SOCIEDAD

  • La Iglesia católica: un azote sectario contra la sociedad
  • Gara, 2010-01-18 # Patxi Zamora . Periodista
El autor se muestra contundente desde el inicio al retratar al Vaticano como «el muro por antonomasia de la intransigencia, la censura, el machismo, la represión, la violencia, la usura y la opulencia». Para apuntalar tal premisa reúne multitud de ejemplos, hechos y declaraciones, que dibujan a la Iglesia católica como una «monarquía absolutista» que pretende influir en la sociedad a través de la intervención de unos seguidores que cada vez son menos en número, pero más radicales en sus preceptos.

Hipócritas con y sin sotana se han afanado en avergonzar a la historia celebrando el aniversario de la «caída del muro de Berlín». La mayoría de los políticos y de los medios de comunicación han aprovechado la efeméride para pedir responsabilidades a progresistas que hoy luchan por un mundo mejor, obviando realizar parecidos paralelismos con los actuales dirigentes del mundo occidental, a quienes sí se pueden imputar guerras y conflictos sufridos en las últimas décadas.

Nunca más deberían levantarse muros, la humanidad debería aprender la lección y también derribar el que construye Israel contra el pueblo palestino, el de la frontera del Estado español en el norte de África o el que separa México de EEUU. Pero uno de los grandes muros creados por la humanidad sigue inexpugnable, el muro por antonomasia de la intransigencia, la censura, el machismo, la represión, la violencia, la usura y la opulencia encarnado en el Vaticano. En el Estado Vaticano no hay separación de poderes ni democracia ni ciudadanos ni mucho menos ciudadanas. Posee una historia insuperable en cuanto a cruzadas, conquistas, genocidios culturales y abusos sexuales.

Mantiene un inmenso poder a pesar de que sus seguidores sean muchos menos, aunque más radicalizados, y ya no movilice a la mayoría de la población, como ocurría hasta hace pocos años. Cuando habla la historia debe callar la teología, de ahí el drama de los seguidores de un Jesús de los pobres, cuyo valiente compromiso social en ésta su misión terrenal, lava la cara de los arrogantes purpurados de la curia romana, que a su vez los censura y desprecia.

El objetivo de cualquier democracia republicana debiera ser fomentar el ateísmo y el agnosticismo para preservar la libertad de conciencia, respetando las creencias particulares de cada individuo. Porque la historia se repite y cíclicamente los inquisidores católicos vuelven a su cruzada de intimidación y castigo de los disidentes, con métodos copiados, pero nunca superados, por los distintos regímenes totalitarios.

Rafael Termes, de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas y ex banquero del Opus Dei, defiende con honradez que la Iglesia no es una institución democrática porque su fundador quiso que fuera jerárquica: «La democracia, el voto no sirve para la verdad revelada, cuya declaración y conservación Jesucristo confió en exclusiva al colegio apostólico y a sus sucesores». La Iglesia católica es una monarquía absolutista. El soberano es elegido por los clérigos más relevantes y desde ese momento se convierte, según su propia doctrina, en la voz de dios en la tierra. Dios departe con el Papa, éste transmite lo convenido a sus pastores y éstos lo ponen en conocimiento de su rebaño, cuyas ovejas deben obedecer bajo la amenaza del «fuego eterno».

Pío XII había adelantado por radio en 1939 que España «una vez más había dado a los profetas del ateísmo materialista una noble prueba de su indestructible fe católica». El Opus nació en España con Franco y en Italia con Mussolini. Su fundador J.M. Escrivá se convirtió en asesor espiritual del «Caudillo». El Episcopado español definió la iniciativa de Franco como «teológicamente justa» y el entonces obispo de Iruñea, el salesiano M. Olaechea, dejaba claro que «es una cruzada y la Iglesia no puede menos de poner cuanto tiene a favor de sus cruzados». Escribía Pablo Antoñana sobre los curas-maestros de la época que «cubrieron nuestra conciencia de miedos y desasosiegos, con la sombra del pecado mortal, contra la lectura, el baile agarrao...», al mismo tiempo que cantábamos ese que decía: «Dios bendiga tu grandeza y a tu Fürer imperial».

El jefe de la Iglesia católica en el Estado español, Monseñor Rouco, declaró (22-11-2009) que «es imperiosamente necesaria la presencia de los católicos en la política». Este año se han llevado a cabo 28 actos y misas en catedrales o iglesias en honor a Franco; en Radio Intereconomía, vinculada a la Iglesia, se realizó un programa ensalzando a J.A. Primo de Rivera y en la Universidad San Pablo CEU, que sirve a los mismos intereses, se presentó (con más de 20 sacerdotes en el acto) el libro «Valle de los Caídos, ni presos políticos ni trabajos forzados», editado por Fuerza Nueva, que afirma: «Había muchos obreros que no vivían tan bien como los reclusos trabajadores» o que estos «cobraban más que los guardas».

Decía el filósofo Aranguren, reconocido creyente, que la vanguardia religiosa viene a coincidir con la retaguardia cultural. La afirmación se queda corta si escuchamos las declaraciones de los máximos responsables de la iglesia católica: según «Abc» (29-3-96) Juan Pablo II apoyaba «al feminismo» porque llega «incluso a pedir su presencia (la de la mujer) en la formación de los futuros sacerdotes». En la misma exhortación, «Vita Consacrata», el Papa hablaba sobre el valor de la castidad, la pobreza y la obediencia. Benedicto XVI, en una carta al arzobispo de Washington DC, Theodore Edgar McCarrick, sentenciaba: «Puede haber una legítima diversidad de opinión entre católicos respecto a ir a la guerra y aplicar la pena de muerte, pero no, sin embargo, respecto del aborto y la eutanasia». El arzobispo de Valencia, Agustín García Gasco, escribía que «la madre que dedica toda su persona al crecimiento de sus hijos es el modelo más perfecto de sociedad». En las aulas de la Universidad de la Iglesia de Navarra, del Opus Dei, se predica que «quien se case con una mujer que no sea virgen es tonto, porque eso es tanto como casarse con una mujer de segunda mano». Fernando Sebastián, ex arzobispo de Iruñea, decía sobre la ley que regula el matrimonio de homosexuales: «Podríamos encontrarnos con una verdadera epidemia de homosexualidad, fuente de problemas psicológicos y de frustraciones» a lo que Rouco añadía «uniones de todo tipo quebrarán la Seguridad Social». Sebastián cree que «la democracia es insostenible si no está sustentada por unos principios morales iluminados por la revelación divina». Antonio Cañizares, prefecto para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, ante el Plan Ibarretxe, pidió a los fieles que «oren por España y su unidad» pues «negar la soberanía de España no sería prudente ni moralmente aceptable. Si España dejase de ser católica, dejaría de ser España». Los poseedores de la «única religión verdadera» pretenden dar una imagen de tolerancia con quienes no comparten su fe, para acabar contradiciéndose, como el portavoz de la Iglesia española, Martínez Camino: «no todo vale en el diálogo interreligioso...no se puede dar la impresión de que una fe es igual que otra».

¿Subvencionaría un estado democrático a estos fanáticos para que educasen a las próximas generaciones?

sábado, enero 16

> Iritzia: Jorge M. Reverte > ERA UNA BROMA

  • Era una broma
  • El Periódico de Aragón, 2010-01-16 # Jorge M. reverte
Siento reventar la broma, pero es que está llegando demasiado lejos. El sentido del humor de Antonio María Rouco Varela, el jefe de la Iglesia católica española, es excesivo, y puede conducir a graves equívocos. Las declaraciones sobre Haití de José Ignacio Munilla, obispo de San Sebastián, su cómplice en la broma, van a ser aclaradas en unos días. ¿Alguien puede creerse que Munilla diga en serio que es más grave nuestra situación espiritual que la muerte, el desamparo, el hambre de centenares de miles de personas en Haití?

Lo que pasa es que a Rouco se le está yendo la mano con esto de las gracietas. Por ejemplo, la del otro obispo que dijo que lo lógico era morir sufriendo como el Señor en la cruz, y no tomar analgésicos en el trance de las enfermedades terminales. O las muchas de Juan Antonio Martínez Camino, espada flamígera de la Iglesia española.

La Iglesia española no puede creer en serio esas cosas. Como no creía que fuera justo matar a los rojos cuando acabó la guerra civil, como no cree de veras que una chica violada que resulte embarazada no pueda abortar. Lo que pasa es que, aunque sepamos que no va en serio, ya está bien de bromas. Porque las hacen mientras juegan con el dinero que el presidente del Gobierno, al que no le dejarían comulgar si lo intentara, ha decidido que reciban.

A mí me molesta especialmente que las bromitas conduzcan a la identificación de la palabra española con la de ser de ultraderecha. Estos fachones impiden que se sepa que toda la Iglesia en este país, con sus excepciones, ha comulgado siempre con las mismas ideas. El elogiado obispo de Vitoria durante la guerra, Múgica, era tan salvaje en su pensamiento social y moral como Gomà y Plà y Deniel, pero su condición de nacionalista vasco le llevó a no firmar la declaración de cruzada a la rebelión de Franco, y eso le dio prestigio moral. El único que se opuso por razones decentes fue el de Tarragona, Vidal i Barraquer; no por catalán, sino por piadoso.

Ahora, Munilla nos va a hacer creer que el clero que le rechaza en Euskadi es progresista, cuando le pasa lo mismo que al de 1936, que son fachones pero de allí, o sea, que apoyan en gran parte a los nazis de HB o a los racistas de Arzalluz.

Cada secuaz de Rouco apacienta a sus ovejas salvajes. Estos en vez de la comunión dan hostias. ¿O quizá era broma?

> Iritzia: Juan López Cohard > EL COLOR DE LA TRAGEDIA

  • El color de la tragedia
  • Málaga Hoy, 2010-01-16 # Juan López Cohard
Cómo escribir sobre cualquiera de los problemas que nos atañen con las sobrecogedoras imágenes de la catástrofe acaecida en Haití impresas en la retina? ¿Cuán de importantes pueden ser nuestras penurias económicas, políticas o sociales cuando la muerte, el dolor y la pena se ceban en uno de los pueblos más pobres y desgraciados de la tierra? La tragedia no tiene otro color, y siempre ha sido así, que el de los hermanos más débiles y desafortunados que pueblan nuestro esférico mundo. Cuando sucede una catástrofe natural en las zonas ricas de nuestro planeta, siempre se han de lamentar numerosas pérdidas materiales, económicas, de patrimonio artístico o de infraestructuras, pero siempre pocas de vidas humanas, por dolorosas que igualmente sean estas pérdidas. Pero cuando la tragedia ocurre en pueblos como el haitiano, poca pérdida material hay que lamentar, siempre es cuantiosa en sobremanera la pérdida de vidas humanas y el dolor se incrementa proporcionalmente con la magnitud de la tragedia.

El paisaje dantesco que nos muestran las imágenes es conmovedor. ¿Quién puede mantenerse ajeno a ese pavoroso infierno en el que están viviendo los haitianos? Cadáveres, heridos, alaridos y lamentos indescriptibles hacen de Haití la estampa que siempre nos han dibujado del infierno. Ante esa panorámica ¿qué importan nuestros problemas de ricos venidos a menos? El único consuelo que nos puede quedar es ayudar a esos seres humanos en los que la desgracia se ha cebado.

Pero la desgracia ajena no aqueja al espíritu de todos por igual. Para algunos, en los que debe prevalecer el amor por los hermanos que sufren, esa desgracia no es comparable con la que existe en España por causa, según él, de que en nuestra sociedad imperan el materialismo y el pecado. Para el obispo Munilla, rechazado por los curas vascos, según parece, por no ser nacionalista y ser ultraconservador, lo ocurrido en Haití no es nada comparado con lo que ocurre en nuestra sociedad materialista y laica. Después de su odiosa comparación el recién incorporado obispo de la diócesis de San Sebastián se ha calificado por sí mismo. No es de extrañar que el rebaño se rebelara contra su pastor. No es que no sea o deje de ser nacionalista, es que no merece ostentar la función de obispo en una Iglesia que pregona el amor al prójimo. A este pastor de ovejas le importa un bledo que a sus ovejas las haya matado el lobo. Que sus ovejas estén esparcidas por el suelo muertas o heridas dando balidos agónicos de dolor. A éste pastor de la Iglesia Católica, tan sólo le interesa que sus ovejas sean ovejas y no pécoras. Tan aberrante posición ante una desgracia humana, cualquiera que sea, pero especialmente de tan gran magnitud, ha de hacer pensar a muchos católicos. El obispo Munilla no es toda la Iglesia, pero es una parte importante dentro de ella. Sus opiniones pueden no ser las opiniones de la Iglesia, pero forma parte de la opinión de la Iglesia. Y si la Iglesia no participa de esas opiniones que lo degraden a sacristán. No merece más.

> Iritzia: Irene Lozano > UNA CATASTROFE ARTIFICIAL

  • Una catástrofe artificial
  • Los supervivientes haitianos intuyen que su Estado los da por muertos, pero no ahora, sino antes, al consentir la miseria
  • El Diario Vasco, 2010-01-15 # Irene Lozano
En previsión de tragedias como el terremoto de Haití, conviene tener a mano una jeremiada, una lamentación genérica acerca de los «zarpazos de la madre naturaleza» y palabras sentidas, de «profunda consternación» ante las «escenas dantescas». Por último, cabe derramar un par de lágrimas.

También podemos decir la verdad.

La verdad es que las catástrofes naturales no existen. Un terremoto es uno de los fenómenos más imprevisibles para los geólogos. Saben dónde se producirán, pero no cuándo. Aun así, se pueden aminorar sus daños. No es un milagro ni un prodigio. Es, como casi siempre, el sucio dinero.

Tras el terremoto de Kobe (Japón) que causó cerca de 6.000 muertos en 1995, las autoridades invirtieron millones de yenes en reforzar las carreteras y los edificios de las zonas sísmicas para que se mantuvieran en pie en caso de temblor, y construyeron refugios en parques públicos. Desarrollaron un protocolo de despliegue urgente del Ejército, bomberos y cuerpos de socorro. Desde la utilización de almacenes subterráneos hasta la monitorización por satélite, ningún aspecto se dejó a la improvisación. Cuando un nuevo terremoto sacudió la costa de Chuetsu en el 2007, murieron nueve personas.

Ésa es la verdad. No es la naturaleza la que se ensaña con Haití, sino la pobreza y la profunda desigualdad de una sociedad en la que el 1% de la minoría blanca posee la mitad de la riqueza, mientras tres cuartas partes de la población sobrevive con dos dólares al día.

¿Quiso la «madre naturaleza» colocar a centenares de miles de haitianos en los suburbios de Puerto Príncipe o Cité Soleil, viviendo en casas de adobe techadas de hojalata? En las imágenes que nos llegan de Haití no se ve a un bombero, un soldado, un policía. ¿Ha incapacitado la madre naturaleza al Estado haitiano para disponer de algo parecido a una fuerza de protección civil? Los ciudadanos están trasladando a los heridos en carretilla, a hombros o sobre improvisadas parihuelas. ¿Es que la crueldad de la Tierra con aquel país llega al punto de impedir que crezcan ambulancias en los cocoteros? Muchos de los heridos sólo lo han sido por unas horas: están muriendo en los hospitales. Los supervivientes intuyen que su Estado los da por muertos, pero no ahora, sino antes, cuando consentía, como si también se tratara de un desastre natural, la miseria, el analfabetismo y la enfermedad de los muchos frente a la riqueza, la corrupción y el abuso de unos pocos.

Ésa es la verdad. Y merece unas lágrimas, en todo caso.